
Un nuevo amanecer, nuevas esperanzas, buenos presagios.


Un nuevo amanecer, nuevas esperanzas, buenos presagios.

Tomado de Epílogo
Para ver el trabajo completo copiar y pegar el link:
http://issuu.com/satorigraphicnovel/docs/epilogo

Mi alma está apagada. Tu abrazo me rescata por momentos de mi lenta muerte espiritual. Quiero que este momento dure eternamente. Cierro mis ojos con fuerza, como si mis párpados fueran los que evitaran que el tiempo me arrebate este momento divino. Si, divino. Puedo sentir el climax de las emociones, la anhelada unión de dos energías que estallan con una fuerza abismal al juntarse. Casi puedo ver la luz que emana de nuestros cuerpos, apagando la obscuridad de este cuarto, donde duerme este ser que abrazas… Y viene a mi mente el recuerdo, Aura, Aura, mística, mágica, un deseo fantasmal, inalcanzable.
“Hundirás tu cabeza, tus ojos abiertos, en el pelo plateado de Consuelo, la mujer
que volverá a abrazarte cuando la luna pase, tea tapada por las nubes, los oculte
a ambos, se lleve en el aire, por algún tiempo, la memoria de la juventud, la
memoria encarnada.
—Volverá, Felipe, la traeremos juntos. Deja que recupere fuerzas y la haré
regresar.”

“Una hora duerme el gallo, dos el caballo, tres el Santo, cuatro el que no es tanto, cinco el capuchino, seis el peregrino, siete el caminante, ocho el estudiante, nueve el caballero, diez el pordiosero, once el muchacho y doce el borracho.”
Anónimo

Enciendo el ordenador, abro la página del blog mientras escucho “Love Reign O’er Me” de Pearl Jam. Busco la foto apropiada. El archivo se llama miamigojose02.JPG.
Hoy quiero decir gracias por escrito.
Gracias por haber sido mi amigo, por enseñarme el verdadero valor de una amistad, gracias por estos dos meses de reflexión, por estar siempre conmigo en mis vuelos, en mi cabeza, en mi música, en mis fotos, en mis dibujos, gracias por las lágrimas que me has sacado, gracias por enseñarme tan sutilmente el arte de vivir…
Me siento orgulloso de ser tu amigo. Y aunque el dolor que siento se triplicara en tamaño, y pudiera retroceder el tiempo, jamás cambiaría la oportunidad de volverte a conocer.
Elegí muy bien la foto de esta nota. Hay una frase que dice así:
“When someone we love becomes a memory, that memory becomes a treasure”Y esta foto es para mi, el mayor tesoro que yo tengo. Puedo meter un montón de texto tratando de explicar porqué, pero no soy bueno en esto de escribir, así que aquí queda la imagen.
Te deseo suerte, ya nos volveremos a ver, cuando sea tiempo. Por lo pronto trataré de enfocarme en el presente comenzando por guardar en el baúl de mi corazón mi pequeño tesoro.
La original: http://sinitinerario.blogspot.com/
Cuando comenzaste a narrar tus recuerdos, los dolores recientes en tu caja de Pandora, llevé mi mirada hasta el cielo azul detrás de esas nubes en fuga. Quería imaginar en ese lienzo embovedado el rostro de la triste bruma que se agolpaba en tu mirada. Me contabas tu dolor, la muerte de un amigo.
No podía encontrar las palabras, solo podía mirar al cielo. Tratar de ver tus recuerdos en la lejanía de los días y las tardes en el hospital. Ha pasado casi un mes desde su partida. Solo puedo estar a tu lado y escuchar… Perdón amigo, hoy no me salen las palabras.
Hemos trepado a lo alto de esta torre, sobre los tejados del viejo Quito. El polvo y el smog tiznan nuestros semblantes. Miro tu rostro. Silenciosas lágrimas resbalan desde tus ojos, llevan algo de polvo en su caída. Su suave recorrido descubre un rastro pálido de piel en tu cara. Parece que el agua quisiera esculpir un rio en tu mejilla. Una cascada del recuerdo.
Ojalá que estas gotas limpien el polvo de esta caja que abres para mí, el recuerdo del dolor. Gracias por la confianza amigo.
Me detengo en tus ojos mientras describes el cuerpo inerte de tu amigo. Tus pupilas inmóviles, fijas en una imagen de tu memoria. Todo es tan real. ¡Tu mirada! Pareces tener frente a ti al ataúd y su viajero. Sigues narrando el momento y estoy seguro que puedes verlo. Me recorre un leve escalofrío, es como si esperara que de pronto se refleje en tus pupilas la escena fúnebre que describes, el rostro de Pedro.
Y otra vez las lágrimas en tu vida. El flujo del recuerdo y del dolor. Imagino a lo lejos una cascada, el agua cayendo, siempre de paso. Una gota en tu mejilla limpiando tu rostro, un río en caída libre en lo alto de una montaña.
Lastimosamente nuestra civilización no nos prepara para morir voluntariamente. Para ver su rostro en la quietud y el paso de un estado a otro. Imaginamos parcas y calaveras, dedos acusatorios. No sé qué decir.
Las lágrimas en tu rostro me recuerdan una cascada, en una gota imagino un río. Eso calma mi espíritu. Saber que como las gotas, entramos y salimos del estado vivo, en un flujo constante de la energía: de la nube hasta el océano y de regreso; mientras nuestro paso esculpe las grietas en el rostro de la montaña. La acción del hombre sobre la Tierra, gotas en un flujo constante del deshielo al mar.

es solo el tiempo
se ha puesto tan violento entre los dos
nada mas al verte se me heriza la piel
has cambiado
tanto de como eras
ayer y en realidad yo
nada
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